Quiénes Somos / Rectoría

Eliana Marcela Guzmán Tapia, Rectora:

“Iniciamos una década llena de desafíos en educación”

El año 2019 tuvo un final vertiginoso e inesperado, pero sinónimo de modificaciones que la sociedad civil demanda. Los factores pueden ser variados y la valoración que cada uno tiene está dada sobre la base de su propia experiencia.

Como institución educativa debemos motivar cambios en el marco de nuestro ámbito de acción.

Al cumplir 120 años de vida institutana, lo hacemos con el orgullo de servir a la Iglesia y a la Patria en la formación de niños, niñas y jóvenes líderes cristianos católicos.

Todos quienes integramos esta comunidad somos responsables del prestigio de la institución. No es casualidad el hecho de que este centenario colegio continúe su labor educativa. El trabajo de cada uno de nosotros ha permitido mantener en pie los objetivos, el espíritu y las motivaciones por las cuales fue fundado el Instituto en el año 1899 por el Arzobispado de Santiago.

Cada establecimiento tiene su propia cultura organizacional. Algo que no está declarado, necesariamente, en algún documento, sino que es la suma de una serie de factores que nos identifica y nos dan un sello como colegio.

Quiero invitar, muy especialmente, a los funcionarios más antiguos, a que seamos capaces de traspasar todo lo bueno que está en el ADN del Instituto de Humanidades Luis Campino a quienes se han integrado en los últimos años al quehacer del colegio. Somos protagonistas de una prestigiosa institución en la que cada uno es responsable de entregar lo mejor de sus capacidades. No podemos perder la esencia de lo que somos, debemos ser portadores de lo bueno y no atentar, en ninguna circunstancia, ni a la calidad de la educación ni a nuestro rol formador.

El desafío de continuar educando para que los niños y jóvenes tengan las mejores herramientas, requiere sintonizar con la sociedad actual. Más allá de las tendencias, del uso de las tecnologías y del estilo de vida que cada uno lleve, la base para una mejor convivencia en todo tipo de relación humana, seguirá siendo el mutuo respeto y la honestidad.

Respeto a todo nivel. En nuestro entorno laboral, en la sala de clases, en las reuniones de apoderados y en nuestra interacción fuera del colegio.

Como educadores nos vemos enfrentados al desafío de enseñar. No solo lo que señalan las bases curriculares del Ministerio de Educación y los lineamientos de la Iglesia Católica, sino que educar en el Buen Trato y en la sana convivencia.

Bien sabemos que el mundo fuera del entorno escolar suele ser feroz. Somos, tristemente, una sociedad dominada por el individualismo, el consumismo, la falta de empatía, la falta de solidaridad, entre otros aspectos negativos.

¿Es necesario reflejar estas actitudes en los espacios en que se desenvuelven nuestros niños y jóvenes? ¿Es posible que la lógica del mundo de los adultos se anide en una sala de clases? ¿Requieren los más pequeños saber de divisiones, de rivalidades o de odiosidades? Creo que no. Y quiero creer que tampoco lo piensan así los padres y apoderados. Todos tenemos diferencias, las diferencias nos enriquecen como personas. Pero los puntos de vistas cobran valor en un marco de respecto mutuo, en espacios de diálogo y de entendimiento.

Como educadores queremos involucrarnos plenamente en el proceso educativo, de la mano con ustedes, porque ustedes eligieron esta casa de estudios y no otra. Suponemos, entonces, que estamos en plena sintonía. Permítannos entregar lo mejor de nuestras capacidades en el proceso formativo y que, frente a las dificultades, impere en nosotros la voluntad de dialogar, de llegar a acuerdos, de entendernos, de dejar de lado fanatismos, de dejar lado sesgos ideológicos, y encontrar la solución en aquellos aspectos que nos diferencian, sin perder de vista que la suma de la educación que ustedes entregan en sus casas, más la que entregamos en el colegio, dará el resultado formativo en niños y jóvenes.

Ellos aprenden de nosotros, y deben aprender lo mejor de nosotros. Enseñemos con el ejemplo y seamos capaces de entregar herramientas para que ellos sepan dialogar, sepan aplicar los conocimientos, ejerciten su inteligencia emocional y sean personas capaces de insertarse mejor en la sociedad.

Dura tarea tenemos por delante. Pero confío en que padres, apoderados y quienes trabajamos en el Instituto, tenemos como punto en común la educación de vuestros hijos.
Iniciamos una década llena de desafíos en educación y no nos desviaremos del objetivo.

Principales actividades del año
Hoy, a través del primer Anuario Digital, damos un paso importante, el primero de muchos otros, en materia de cuidado del medioambiente. Si bien grandes empresas y otras organizaciones cuentan con formatos digitales en la publicación de sus informes, para nosotros es significativo implementar este anuario que, sabemos, tendrá una positiva recepción.

En el área de Pastoral, destaco la realización de la Misa de Aniversario, la que fue celebrada por el arzobispo de Santiago, monseñor Celestino Aós Braco.

Otra valiosa actividad, fue la XXI versión de la Cena de la Solidaridad. Este año el lema fue “En tu nombre echaré las redes”, texto que nos recuerda la pesca milagrosa y que se evidencia en las acciones que padres, apoderados, funcionarios y alumnos lideran al interior del Instituto. La cena es una instancia de reunión fraterna que refuerza los valores de la solidaridad y la participación en comunión.

En Orientación, valoramos el autoconocimiento que niños y jóvenes van adquiriendo cada año especto de su personalidad, desarrollando la aceptación y el cuidado de los otros, de la mano de los valores del Instituto, base permanente de nuestra reflexión que se materializa en el instrumento “Mi Camino”. El trabajo y acompañamiento abarca todos los niveles. Destacamos el apoyo que se entrega a los jóvenes de II medio para optar por su electividad en lo que resta de la vida escolar (humanista, matemático o biólogo).

El ámbito de la Convivencia Escolar es amplio, abarca un rol activo de toda la comunidad. Además de estar normado por directrices del Ministerio de Educación y la existencia de un marco legal, constituye un desafío permanente en nuestra gestión. Los talleres para Padres constituyen una valiosa herramienta de apoyo, dado que los temas que se abordan se basan en materias de actualidad, aplicadas a nuestro Proyecto Educativo.

Valoramos las acciones de la Asociación de Padres de Familia del Instituto. La colaboración ha sido permanente en la contribución de las diversas actividades que se ejecutan en el año. Hemos recibido siempre el apoyo de ellos en la toma de decisiones, principalmente en materia académica.

Quiero resaltar el trabajo del actual Centro de Alumnos. Jóvenes responsables, entusiastas, fieles representantes de nuestros valores. Verdaderos lideres cristianos-católicos que, en la planificación y desarrollo de sus actividades, conocieron nuevas habilidades y competencias que les permitirán ser exitosos en su vida adulta y profesional. Siempre se ha mantenido un diálogo permanente y comprensivo para exponer los puntos de vistas.

Al cierre de estas palabras, quiero expresar mi gratitud a la labor de los docentes, auxiliares y personal administrativos. Nuestro hogar no funcionaría sin el compromiso de ustedes.

Celebro la alegría de servir en esta prestigiosa y cariñosa institución. Agradezco a la Virgen, el bendecirme con estar aquí, y ofrendar mi corazón de mujer y de madre a sus hijas e hijos.

Pedimos, una vez más que San Rafael siga protegiendo al Instituto.